“Nos dijeron que en cinco años esa zona iba a duplicar su valor”, recuerda una mujer de ingresos medios que prefirió no dar su nombre. “Todo sonaba lógico, todos estaban comprando. Parecía una oportunidad que no se podía dejar pasar”.
“Ahí nos dimos cuenta de que nunca habíamos tomado una decisión juntos de verdad”, dice ella. “Habíamos comprado con ilusión, no con un plan”.
“Comprar sin saber para qué es el primer error”, comenta un asesor inmobiliario de Guayaquil. “¿Es para vivir? ¿Para alquilar? ¿Para vender? Si eso no está claro, cualquier cambio personal se vuelve un problema”.
“Invertir en bienes raíces no es solo comprar tierra o metros cuadrados”, señala una arquitecta que trabaja con proyectos residenciales. “Es comprometerse con un flujo de pagos, con un horizonte de tiempo y con decisiones que afectan a otros”.